En la estación de tren de mi pueblo hay un silo de hormigón que pasa por se la construcción más alta del mismo, ya no tiene ninguna utilidad agropecuaria, hace tiempo que dejaron de almacenarse cereales en él, ahora solo sirve de atalaya para antenas telefónicas. Mal negocio el dejar de acoger comida, y pasar a ser un edificio semi abandonado, cuya única utilidad es la de transladador de buenas y malas noticias; botellones y otros eventos, mensajes de desesperación y un largo etcétera de actividades y/o sentimientos que comunicamos por teléfono.
El domingo pasado, seguramente, hice uso de esas antenas para comunicar a mi familia que había perdido el tren que me llevaba con ellos, fue por dos minutos, yo diría que incluso menos, justo cuando doblaba la esquina de la plazuela donde se encuentra la estación, arrancaba sin mi. Marchaba sin los cuadros que he enmarcado para mi cuñada; sin el libro de actividades para el estimulo precoz de niñ@s de 1 a 3 años que rondaba por mi casa y que iba a regalar para que hicieran algunas actividades con mi sobrina; se iba sin mi, con las ganas que tenía de disfrutar de un domingo tranquilo en familia.
Al final, volví a la casa vacía de mis padres, comí solo, vi un poco la TV y retorné a la estación,pero para tomar un tren en sentido contrario y volver a Cuenca. "Hay más días que longaniza" como dice el refrán, pero el pasado domingo perdí una posibilidad de estar en familia y disfrutar de su calor.
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.
De un tiempo a esta parte el blog que escribo ha cumplido 2 años (si contamos el tiempo que estuve albergado en chueca.com).
De un tiempo a esta parte me he ido de crucero por el Mediterráneo (por motivos laborales), visitando Roma, Florencia, Pisa..., ciudades que sin duda merecen más que una visita panorámica y un rápido (y estresante) paseo de sus calles.
De un tiempo a esta parte no tengo el blog atendido como debería, no voy a echarle la culpa a nadie, éste punto sólo se me puede recriminar a mi.
De un tiempo a esta parte alguien, que yo pensaba que iba a ser algo pasajero en mi vida, se está convirtiendo en impotante y me hace sentir bien.
De un tiempo a esta parte salgo mucho menos, desde la última semana que os conté que salí varios días esa semana, no se me ha vuelto a ver el pelo por los bares nocturnos de Cuenca.
De un tiempo a esta parte hay cosas que no han cambiado, imperturbables al paso de las dos semanas que llevaba sin actualizar.
De un tiempo a esta parte...
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.
Hay ciertas actitudes de cierta gente que me ponen enfermo, no lo puedo evitar, tales como: La ignorancia, el miedo a lo desconocido, la sobervia, la falta de respeto, la intolerancia...
Ha querido dios (si exsiste) que tales "virtudes" recaigan en un "compañero" de trabajo: católico (de los chungos); tergiversador que intenta hacerte ver que eres mal profesional, intenta hacerte ver que los jefes lo hacen mal, que cuando él ocupaba un determinado espacio en el organigrama lo hacía estupendamente; ante cualquier problema sólo desbarra, en lugar de buscar soluciones, una joya...
Seguro que hoy va a la "fachafestación" que se va a celebrar en la capital del reino, le pega, va con su carácter.
Ése es otro tema por el que tengo el estómago revuelto hoy, por que ¿quién puede decidir si se da a luz, la mujer que está embarazada o el cura de su pueblo?, ¿quién puede decir si se han o no mantener relaciones sexuales fuera de SU modelo de matrimonio, el cura de antes o dos jovenes más salidos que el pico de una mesa con las necesidades típicas de la edad? y, en el "hipotético caso" de que se mantengan relaciones ¿quién decide si se usan o no medios anticonceptivos seguros? Por favor, dejémos de ser un país de "charanga y pandereta" como dijo Machado e igualemos la legislación sobre éste tema al resto de Europa, todo ello con una partida económica suficiente para la prevención de embarazos no deseados, la transmisión de ETS's, mejorar la información sexual y la planificación familiar.
Respecto a quién ha promovido y pagado éste acto de hoy, cada día estoy más convencido de que "la iglesia que más ilumina es la que arde", ¿por qué tengo que seguir manteniendo a una institución que va en contra de mi ideología y de mi forma de vivir? he hablado de ésto en más de una ocasión, no es un tema nuevo en mi blog, pero cada vez me dan más ganas de crear una plataforma nacional para fletar autobuses (pagados con dinero público) y animar (con una campaña de publicidad brutal) a montarse todo el mundo que no está de acuerdo con el concordato iglesia-Estado (o como sisan los curas dinero de todos), llevando pancartas que pongan "los curas a las iglesias y fuera de los colegios" o "el que quiera iglesia, que la pague" o "no me deis más hostias, ya me da bastantes la vida", ¿seríamos más? creo que sí, ¿vendría la cúpula del PP? en esto tengo mis dudas.
Hoy veré la retransmisión en directo de la "fachafestación" a través del "gran despliegue informativo" que ha preparado esa "imparcial, liberal y demócrata" cadena de TV que es Intereconomía, todo eso si no me pongo enfermo y tengo que ir corriendo al WC a vomitar de todos los esperpentos, sandeces y faltas de respeto que vea retransmitidos en directo para "todos aquellos que no hayan podido venir a apoyar el derecho a la vida" (palabras textuales de la presentadora de informativos de Intereconomía).
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.
Paseaba yo no hace mucho por un barrio obrero de Cuenca, cuando me vino la idea que titula el post. Creo que la he escuchado en alguna parte, aunque no recuerdo dónde.
Ciertamente, cuando vamos a algún lugar nos limitamos a ir a sus sitios más característicos, o mejor dicho, más fotogénicos. Que vamos a Londres, vamos al 'Big Ben'; que vamos a Madrid, vamos a Sol; que se viene a Cuenca, vais a ver las Casas Colgadas (que no colgantes), y así podrían ponerse mil y un ejemplos. Por eso he puesto fotogénicos, los sitios se conocen por sus gentes, por su "pulso diario"; por su paisanaje, no por su paisaje.
Todo el mundo peca de ello, yo no soy una excepción. La semana pasada estuve en Murcia, un amigo se ha ido a estudiar allí y, Lourdes y yo, le acompañamos. Ha alquilado un piso en un barrio obrero, pero nos acercamos a visitar el centro, la catedral, las orillas del río Segura, nos pasamos por la oficina de turismo... como buenos visitantes. También tuvimos tiempo de mezclarnos con el paisanaje: tomamos unas cañas en un bar de barrio, compramos comida en una conocida cadena de supermercados, salimos de fiesta (¿cómo no?), le compré el regalo de cumpleaños a mi hermano en una tienda de informática, quedamos con otro amigo de Murcia que estudió aqui..., y la verdad me gustó, las periferias no son fotogénicas, pero pienso que es donde realmente se conoce a los lugares. La próxima vez que vaya a Madrid me acercaré a Vallecas a tomarme una caña y a comprar a algún supermercado, en lugar de irme a "El Brillante" a jalarme un bocadillo de calamares, ¿o no?
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.
Una de las frases, verdaderas joyas, de Mercedes encabeza hoy mi post.
El lunes, ella metida todo el fin de semana en casa y yo toda la tarde trabajando, decidimos quedar a tomar algo, nos fuimos al bar de unos amigos y, entre otros muchos temas, tratamos el tema del fumar, la conversación vino a ser, más o menos, así:
- Mercedes: Aún recuerdo cuando, en el cine de mi pueblo, paraban la película a mitad de la misma para que la gente se echara un cigarrillo, así fue como me enteré del final del "Sexto Sentido". Todavía me acuerdo de cuando se respetaban los vicios...
- Yo: Y en los trenes, en los autobuses, en cualquier parte... esas cosas ya no pasan, ahora van a prohibir fumar hasta en los bares...
Luego la conversación, que había empezado por unos derroteros, siguieron por otros, pero yo me quedé con la frase rondándome por la cabeza.
El martes dormí acompañado, hablando del Renacimiento, sus obras y maestros.
El miércoles volvimos a quedar cuando sali del trabajo, nos juntamos un 'puñao' de gente y nos fuimos de marcheta, fue pasar al "Babylon" y llegué a la conclusión de que me he estoy haciendo mayor (sí, ya se que tengo muy trillado el tema), pero cuando uno ve que conoce a menos de dos tercios de la gente que hay (por que son estudiantes de nueva hornada) y, que de los que conoce se ha ido a la cama con, al menos, dos tipos... señales inequívocas ¿o no?
Uno de ellos se acercó: "¿Qué tal todo?", "bien, ¿y tu?" le dije estrechándome la mano. Acabé con una amiga bailando hasta que nos echaron del bar, bajo la mirada del "estrechador de mano".
El jueves... CUMPLEAÑOS!!!; Yolanda (de quién he hablado en alguna ocasión) ha cumplido (no se dicen), más fiesta, más bares y otro rondador, pero una gran frase, con consiguiente conversación, matan toda esperanza próxima:
- Yo: Tengo novio. (frase milagrosa).
- El: Y ¿qué tal te va con él? (frase intentona, con sobeteo en la espalda).
- Yo: Muy bien, gracias por preguntar... (frase mata intentonas).
- El: Me voy a dormir, ya nos vemos otro día y nos tomamos algo. (con cara de circunstancia).
- Yo: Ok, nos vemos por aquí.
Acabamos Yolanda y yo desayunando, y yéndonos a dormir a casa de con quién dormí el martes.
El viernes me fui a casa y no salí en todo el día; y el fin de semana he estado trabajado 48 horas seguidas, saliendo ésta mañana a las ocho y media, ahora me toca librar, pelearme con una familiar e ir este fin de semana al pueblo a ver cómo va todo, os iré informando.
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.
Me encuentro en la habitación, en ella el único lugar que no parece limpio son las revistas que se ha comprado la acompañante para entretenerse un rato, leyendo las miserias y las glorias de la gente que vive de contarlas. Abro la puerta y ando por el pasillo de suelo brillante, paso al lado del control, donde una enfermera rellena los informes del día. "Buenas noches" le digo, "Buenas noches" me responde, sin tan siquiera levantar la vista de los papeles.
Llamo al ascensor, a pesar de ser tan sólo una tercera planta, hace un leve pitido y se abren las puertas. En el suelo del mismo todo es mármol, exceptuando los trozos de metal, que a modo de mosaico, conforman el logo de donde me encuentro. Pulso el limpio botón de "Bajo" y se cierran las pulcras puertas, todo está impoluto, hasta la pegatina de la siguiente revisión se mantiene intacta, observándola me doy cuenta de apenas faltan dos meses para que vuelva un técnico a revisar sus engranajes.
Se abren las puertas, avanzo por otro pasillo, esta vez me fijo en los carteles colgados del techo o en las paredes, no quiero perderme, a pesar de que el lugar donde me encuentro no es muy grande, no me apetece hablar con nadie, y mucho menos que me llamen la atención por meterme donde no me llaman. Sin contratiempos, llego al vestíbulo, "Buenas noches" le digo al guarda de seguridad que velará por la paz y el sosiego esa noche, "buenas noches" me responde sin levantar la vista de la pantalla del ordenador.
Unas puertas se abren automáticamente, son las de otro pasillo que me llevan a la higienizada cafetería. Cuando llego pillo una bandeja, unos cubiertos desinfectados metidos en una bolsita, un vaso y un trozo de pan. Elijo para beber agua, es por la noche y no es conveniente ni cafeína, ni gases. De menú no hay mucho donde elegir, me decanto por unos macarrones y huevos revueltos, de postre manzana. "Buenas noches" le digo a la camarera-cajera a la que le entrego la tarjeta de acompañante, "buenas noches" me dice ella extendiéndome el registro en el que tengo que firmar. Avanzo por la cafetería, otro suelo brillante, miro las mesas, "mierda, están todas ocupadas y no me apatece compartir". Como si me hubiera leído el pensamiento, una mujer de mediana edad se levanta, coge su bandeja y la deposita en el carro que hay para ello. Deja la mesa impoluta, como si nadie hubiera estado allí, tan sólo cuando me siento el leve calor que desprende la silla atestigua que alguien se ha sentado allí antes que yo. Ante mi, la organizada bandeja que he preparado. Rompo la bolsita que contiene los cubiertos y pruebo los macarrores, sosos, sosísimos; iba a levantarme a pedir sal, pero no me apetece, seguro que me iban a dar sobres mínimos de 1 gramo, y tendría que hablar con la camarera-cajera que me atendió, me los como pensando que así no me subiría la tensión. Con los huevos más de lo mismo, "la manzana seguro que está buena, estamos en temporada" pensé, mal, pero lo pensé, al coger la brillante manzana veo que tiene pegada una pequeña pegatina, la leo "CopFruit- Chile", según la pegatina esa manzana ha recorrido medio Mundo hasta llegar a mis manos. Suspiro y miro por la ventana, no hay nada que ver, estoy a las afueras de ninguna parte. Pelo la manzana, al menos lo intento, con el cuchillo que me han proporcionado es tarea harto difícil. Me la como, está insipida como toda la cena. Termino, asgo la bandeja con ambas manos y la deposito en el carro que está para eso, dejo la mesa impoluta, como la he encontrado y hago el aséptico camino de vuelta a la habitación.
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.
No tengo tiempo de escribir, lo siento, lo haré cuando pueda.
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.