En la estación.
En la estación de tren de mi pueblo hay un silo de hormigón que pasa por se la construcción más alta del mismo, ya no tiene ninguna utilidad agropecuaria, hace tiempo que dejaron de almacenarse cereales en él, ahora solo sirve de atalaya para antenas telefónicas. Mal negocio el dejar de acoger comida, y pasar a ser un edificio semi abandonado, cuya única utilidad es la de transladador de buenas y malas noticias; botellones y otros eventos, mensajes de desesperación y un largo etcétera de actividades y/o sentimientos que comunicamos por teléfono.
El domingo pasado, seguramente, hice uso de esas antenas para comunicar a mi familia que había perdido el tren que me llevaba con ellos, fue por dos minutos, yo diría que incluso menos, justo cuando doblaba la esquina de la plazuela donde se encuentra la estación, arrancaba sin mi. Marchaba sin los cuadros que he enmarcado para mi cuñada; sin el libro de actividades para el estimulo precoz de niñ@s de 1 a 3 años que rondaba por mi casa y que iba a regalar para que hicieran algunas actividades con mi sobrina; se iba sin mi, con las ganas que tenía de disfrutar de un domingo tranquilo en familia.
Al final, volví a la casa vacía de mis padres, comí solo, vi un poco la TV y retorné a la estación,pero para tomar un tren en sentido contrario y volver a Cuenca. "Hay más días que longaniza" como dice el refrán, pero el pasado domingo perdí una posibilidad de estar en familia y disfrutar de su calor.
Y sin otro particular, me despido hasta la próxima.

